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domingo, 21 de junio de 2009

¿COMO SE VE LA CONTRACTURA CHILENA DESDE LA INSTITUCIONALIDAD?

http://www.wokitoki.org/wk/219/como-se-ve-la-contracultura-chilena-desde-la-institucionalidad
¿Cómo se ve la contracultura chilena desde la institucionalidad?
Por Viviana Bravo Botta // 20 de junio de 2009

¿Hasta qué punto la contracultura requiere de la institucionalidad para instalarse?Hablar de arte en Chile implica pensar nuestro circuito. Artistas, historiadores y teóricos del arte, compradores, coleccionistas, galerías y museos generamos en el contexto político, económico y social chileno una precaria cadena de valor.Hablar de arte en Chile implica pensar nuestro circuito. Artistas, historiadores y teóricos del arte, compradores, coleccionistas, galerías y museos generamos en el contexto político, económico y social chileno una precaria cadena de valor. Las asimetrías en las estrategias de competencia, posicionamiento y negociación de las instituciones estructuran este escenario incluyendo la articulación interna y externa, entre la sociedad civil y el Estado para actuar en este ámbito. Analizando las consignas y documentos institucionales, salta a la vista que la institucionalidad concibe un concepto de cultura sin discutir la contracultura o las prácticas culturales y sociales asistémicas o contrasistémicas. Particularmente cuando nos acercamos a la institucionalidad relacionada al Estado observamos políticas de promoción de cultura bajo la concepción de explicita mediación económica suplementaria. Dicho de otra forma la institucionalidad -Estado provee de un bien público bajo parámetros “democráticos”, idealmente no discriminatorios de modelos definidos a partir de una “política” de implementación nacional que esencialmente se delimita a la asignación de recursos a creadores a partir de un concurso de proyectos (a los cuales compiten espacios expositivos públicos y privados, organizaciones barriales, artistas profesionales y amateurs), y el segundo escenario, actividades de difusión y acceso que reúne una variada paleta de artistas de la industria musical, que permite a los beneficiarios de sectores vulnerables participar de “fiestas ciudadanas” en parques, canchas o plazas regionales.En este contexto referirme como artista a la relación institucionalidad/contracultura implica analizar el problema, no desde la naturaleza teórica, sino mas bien de la experiencia práctica. Las principales cuestiones en este marco relacional derivan de: a) las políticas estatales para la cultura, cuyo accionar define un plan programático gubernamental que opera bajo un principio ideológico subsidiario, b) una política sectorial, centralmente marcada por lineamientos temporales, determinadas por cada gobierno, carentes de un plan de desarrollo nacional a largo plazo que comprenda el acceso a la cultura por sobre las diferencias sociales y económicas, c) la inexistencia de fundaciones independientes que aporten una reordenación o tensión en el campo cultural, lo que implica que el Estado, ocupe un papel protagónico como único financista, d) la aún débil participación organizada de los actores culturales, e) la ausencia de movimiento contracultural cimentado, que observe, cuestione y proponga discursos y prácticas libres de una relación de dependencia económica, ideológica y, en muchos casos, creativa.Cada uno de los problemas indicados atañe el estado de las escenas “independientes” que son quienes podrían presentar una manifestación contracultural. A primera vista, estas iniciativas representan actividades de organizaciones locales y grupos de artistas visuales, que han visitado alguna institución de educación superior, que manejan los dispositivos formales. Observamos que buscan posicionar prácticas artísticas afines a tres dinámicas: 1.- Formalmente carecen de financiamiento estable y de estrategias de autofinanciamiento que permita su autonomía, 2.- Entre sus principios plantean la producción local como centro de difusión, un fuerte discurso regionalista; y 3.- Una muy baja conectividad, transferencia de conocimientos, experiencias o programa de cooperación entre sí. Con estas condiciones, ¿Es posible sostener un discurso contracultural que critique el sistema hegemónico centralista? Esta pregunta se responde al observar la estructura que mantienen los espacios expositivos públicos y privados, independientes o dependientes del Estado: la subordinación de estos espacios, directa o indirectamente, deviene del rol que juegan los artistas en el mantenimiento del sistema. Es decir, el papel informal de la producción artística se manifiesta como el elemento “triangulador” de los recursos y, por consecuencia, de la acción en las escenas. A partir de una cadena de dependencia, en la cual los artistas, las obras y los espacios constituyen una red de “cooperación” con los espacios e instituciones culturales haciendo que los fondos del Estado “circulen” por los artistas, los espacios a cambio mantienen una programación que se constituye con obras financiadas por el Estado. La subordinación es evidente: los espacios y artistas “independientes” se supeditan a los financiamientos directos o indirectos de la administración cultural. Cada proyecto en Chile se realiza de acuerdo a los ritmos de la producción cultural que se estructuran a partir de los ritmos burocráticos de entrega de fondos. Un interesante ejemplo de esto sería revisar el calendario de exposiciones, conferencias y lanzamientos de catálogos y libros en relación a la entrega de recursos estatales, pues más de alguna sorpresa va a saltar delante de nuestros ojos.Bajo esta premisa el orden y desorden, que constituye la difusa línea que diferencia acción hegemónica y espacios “alternativos”, se desarrolla en la dicotomía entre la alta cultura y la cultura popular. Este caso es especialmente marcado al contemplar las dificultades que presenta el desarrollo de la escena cultural a nivel regional, en un país fragmentado social, política y espacialmente. De esta forma la institucionalidad y el respectivo anillo complementario de la sociedad civil, actor de la “cultural oficial”, entreteje ineludiblemente un conjunto de discursos y prácticas coercitivas.La contracultura no es un problema para la institucionalidad, el problema de la contracultura queda a cargo de los artistas y productores independientes y organizaciones que buscan sobrevivir a un espacio donde falta el financiamiento y donde las redes sociales cruzan las redes profesionales. En este sentido, se encuentran bajo un paradigma relacional, donde la cultura oficial se nos muestra multidimensionalmente.Posiblemente, la contrataparte contracultural-antagónica se desarrolla en un lugar existente pero aún invisible, vinculado a los nuevos medios de creación y comunicación que posibilitan nuevas formas, discursos y prácticas, ofreciendo una reversión de la dicotomía clásica institucionalidad/contracultura en el fragmentado, pero atento espacio público. Las preguntas que quedarían por dilucidar incluirían ¿como será su influencia en una sociedad en el cual no existe el concepto de comunidad?, ¿bajo qué capacidades creativas y de dominio público se presentará su antagonismo? ¿cómo visualizará su producción contracultural cuando el bienestar común ha desaparecido de las reivindicaciones sociales y culturales? Valparaíso, 2 de Mayo 2009 Viviana Bravo Botta. Artista nacida en 1974 en Santiago de Chile. Actualmente junto a su labor de artista y docente, desarrolla proyectos de integración entre arte, arquitectura y diseño. Vive y trabaja en Santiago de Chile. Este texto fue escrito por encargo de ACA (Arte Contemporáneo Asociado, gremio de los Artistas Contemporáneos de Chile) en ACAVOZ, Edición especial lanzada en ArteBA 2009/ 22 al 26 de Mayo. Buenos Aires, Argentina bajo el titulo “Institucionalidad/Contracultura”. En wokitoki se publica el texto con el título original, que es la pregunta enviada por el gremio.