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martes, 20 de marzo de 2018

ENCANTAMIENTO MARINO


ENCANTAMIENTO MARINO
Gerardo Scioscia 
La imagen apareció de la nada y él quedo impactado. Una rubia cabellera que le llegaba más allá de la cintura y un caminar muy particular, fue lo que le sorprendió. Apenas un instante lo vieron sus ojos, porque como llegó, se fue. De todos modos, con su mirada recorrió esa playa desierta del Sur, pero nada descubrió. No era para menos, el reloj marcaba las doce de esa fría noche de julio. Esa era su hora preferida para sus caminatas a orillas del mar y así combatir el insomnio, un mal que lo aquejaba de tiempo atrás. A esa hora, solo lo acompañaban la oscuridad y el ruido del mar Busco por algunos minutos más, pero nada vio. 

Luego de la infructuosa búsqueda de esa de desconocida mujer, enderezó para su casa. Allí bebió un poco de ron para calentar su cuerpo y de acostó a dormir. Sin embargo, esa noche, le fue difícil conciliar el sueño. De a ratos, la imagen de la extraña dama invadía su mente. Aunque la vio de espaldas y solo un instante, su figura lo había cautivado y se prometió encontrarla.
Con las primeras luces del día volvió al lugar de la aparición, creyendo así, más fácil la búsqueda. Sin embargo solo algunas gaviotas que iban y venían es lo que halló en la playa. El sol se escondía cuando decidió marcharse. Cruzó el médano y llegó a su cada ya que el frio y el cansancio lo habían vencido. Allí, el fuego de la estufa se había apagado, pero el ambiente aún estaba cálido. Removió las brasas, arrimó leña seca y se sentó frente al fuego para calentar su cuerpo. Mientras masticaba unas galletas y bebió, como era costumbre un poco de ron. Ese habito a la bebida fuerte le venía de su tiempo de marino en el "Polaris", un barco dedicado a la pesca de calamares. En él se había embarcado muy joven, y allí trabajó hasta que un accidente que casi le cuesta la vida, lo alejo para siempre de esa actividad.
Ocurrió una mañana mientras realizaban maniobras para zarpar. Subido en la cubierta perdió el equilibrio y cayó en la bodega fracturándose dos costillas, al tiempo que un fuerte golpe en la cabeza lo dejo inconsciente por varios minutos. Por el accidente fue indemnizado. Entonces tenía 45 año por lo que también le asignaron una pensión. Con el dinero recibido construyó en el Sur y muy cerca de la playa, una casa con forma de un barco pesquero y allí, vivía desde hacía dos años. Es que no quería olvidar su paso por el " Polaris " y por eso la elección.
Viviendo con ese recuerdo y, en una de sus tantas noches de insomnio es que esa imagen se cruzó en su solitaria vida.
Mientras calentaba sus manos en el fuego removido, pensó que sería mejor buscarla de noche y entonces dar con ella. Así lo haría. Antes de medianoche cruzo el médano y llego a la playa alentado por esa esperanza. Si bien por la oscuridad nada veía, sentía su presencia en el lugar. Sin embargo algunas horas después, vencido por el cansancio volvía a su casa. La noche siguiente al reiniciar la búsqueda de esa extraña creyó sentir en el rumor del viento que venia del mar, una voz que le pedía que la busque. Triste por no ver a nadie se marchó a dormir repitiéndose para sí " la voy a encontrar, la voy a encontrar". Varios días pasaron, hasta que una noche de luna llena y mientras caminaba por la playa, entre la espuma que levantaban las olas al morir, vio a esa mujer que pareció sonreírle. Fue un segundo porque le dio la espalda y pudo ver su cabellera. No le quedaban dudas era ella y no dejaría que vaya. Mientras su rubia cabellera flotaba al viento, con suave andar se movía entre la espuma del mar. Al verla no dudo un instante. Se quitó la ropa dispuesto a seguirla. Acomodo todo sobre la arena seca, mientras que con la mirada seguía los movimientos de esa mujer, que se iba alejándose. La había encontrado, quería conocerla y fue tras ella, aunque cada vez se alejaba más y más .Varios días después la ropa, aunque movida del lugar por el viento, permaneció en la playa, aunque finalmente una gran crecida la arrastró mar adentro, quizás fueron, entonces, en búsqueda de su dueño.

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