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lunes, 11 de noviembre de 2013

OBLIGADO, UNA BATALLA A PURO CORAJE POR LA SOBERANÍA

OBLIGADO, UNA BATALLA A PURO CORAJE POR LA SOBERANÍA 
 El 20 de noviembre de 1845 las aguas del río Paraná se tiñieron de rojo, por la sangre de los defensores de la ¨ Soberanía Nacional ¨. Ocurrió en cercanías de la localidad bonaerense de San Pedro y el escenario fue un recodo del río conocido como Vuelta de Obligado. Allí, tropas y artillería de tierra al mando de general Lucio Mansilla se enfrentaron a 11 buques de guerra franceses e ingleses, equipados con los mejores armamentos de la época y que escoltaban a otros 92 barcos mercantes que pretendían llegar a Entre Ríos, Corrientes y Paraguay para vender los productos que llevaban. El comercio y la industria de esos países necesitaban de nuevos mercados y estaban dispuestos a cualquier cosa para abrirlos a sus productos manufacturados.
El mencionado curso de agua era considerado un ¨ río interior ¨ y por lo tanto sujeto a las normas y leyes de la confederación, es decir todo barco extranjero que lo navegara debía pagar peaje, situación que era resistida por los gobiernos mencionados que reclamaban su libre navegación y entonces remontaron esas aguas con el único derecho que sostenían: el poder de sus cañones. Pese al poderío de esa flota, que antes había declarado el bloqueo de los puertos y apoderado de la escuadra del almirante Guillermo Brown estacionada frente a Montevideo, el gobernador Juan Manuel de Rosas se opondría a esas pretensiones.
No quedaban dudas de lo inevitable del conflicto armado. En la víspera de la declaración del bloqueo, ya se sabía en Buenos Aires que un convoy mercante protegida por la escuadra coaligada subiría por Paraná para comerciar en Entre Ríos, Corrientes y Paraguay. Con el robo de la escuadra de la confederación ocurrida el 22 de julio de 1845, la flota europea inicia las hostilidades contra el gobierno argentino y algunas horas después de ese hecho, Rosas se instaló en el campamento de Santos Lugares organizando desde allí el operativo de defensa. Sin demoras decreta la creación de milicias formada por paisanos de San Nicolás, San Pedro, San Antonio de Areco y otros lugares cercanos todos ellos al mando de Lucio Mansilla. Asimismo le indica que ¨ en la costa firme del Paraná debía construirse cuanto antes una batería en el punto más aparente; que sobre una hilera de de buques acoderados debía hecharse una cadena, para que todo combinado opusiera una resistencia simultanea a la escuadra anglo francesa ¨.
 Luego de visitar distintos puntos de ese curso de agua, Mansilla considera como adecuado para montar las baterías el mencionado recodo. Allí el ancho del río es de apenas unos 700 metros, lo que facilitaría impedirles el paso a la flota invasora.
Sin embargo, sobre el valor puesto de manifiesto por los defensores del Paraná, se impuso el poderío naval de los invasores, que contaban con barcos a vapor y armamento de avanzada para esa época.
 A PURO CORAJE 
 Si bien no se los pudo detener, los daños infringidos a sus naves y a la mercadería que trasportaban durante la batalla hecho por tierra con sus intenciones de realizar un buen negocio. Los daños fueron tantos que debieron permanecer en Obligado por cuarenta días reparando las embarcaciones. Visto ese resultado, 42 de los barcos mercantes que formaban el convoy y que se encontraban anclados en Ibicuy, prefirieron regresar al puerto de Montevideo.
 Para enfrentar a los invasores Mansilla montó cuatro baterías en tierra firme. La primera denominada Restaurador Rozas era mandada por el ayudante mayor de marina Álvaro Alzogaray contaba con dos cañones de a 24 y cuatro de a 16. La segunda llamada ¨ General Brown ¨ ubicada unos ciento diez varas de distancia de primera tenía un cañón de a 24, dos de hierro de 18 y dos de a 12.La tercera a cincuenta varas de distancia de la anterior bautizada ¨ General Mansilla ¨ y dotada con dos cañones de a 12 y uno de hierro de 8, estaba al mando de del teniente de artillería Felipe Palacios, mientras que la cuarta llamada ¨ Manuelita ¨ se encontraba a 160 varas de la primera de su derecha poseía siete cañones de marina de a 10 y era comandada por el teniente coronel de artillería Juan Bautista Thorne. Estas baterías estaban servidas por unos 160 artilleros y otros 60 de reserva se encontraban parapetados detrás de montículos de tierra apisonada.
 Por otra parte las referidas baterías estaban guarecidas den primera línea y en el flanco derecho por 500 milicianos de infantería al mando del coronel Ramón Rodríguez, a la izquierda de este, en la misma línea y altura de la batería ¨ Restaurador ¨ se ubicaban otros cuatro cañones de a 4 al mando del teniente José Serezo. Mas al centro, cien milicianos al mando de del teniente Juan Gainza protegían la izquierda de esa misma batería. También en el centro y protegiendo las baterías ¨ Brown ¨ y ¨ Mansilla ¨ se hallaban 200 milicianos al mando de teniente coronel Manuel Virto. Por otra parte, y apoyando a la batería del extremo izquierdo estaban dispuestos otros 200 milicianos reclutados en San Nicolás, recibían órdenes del comandante Luis Barreda. Asimismo en el flanco de esta fuerza se montaron dos cañones de a 4 mandados por el teniente coronel Laureano Anzoátegui y por el capitán de marina Santiago Maurice.
 A unos cien pasos de esos defensores, otros 600 infantes y dos escuadrones de caballería al mando del ayudante Julián del Río y el teniente Facundo Quiroga (hijo del Tigre de los Llanos) y todos ellos bajo el mando del coronel José M. Cortina. También a la retaguardia de toda esa fuerza se encontraban los jueces de paz de san Pedro, Baradero y San Antonio de Areco Benito Urraco, Juan O. Magallanes y Tiburcio Lima con unos 300 vecinos reclutado a último momento. Sin embargo, todo ese despliegue de hombres y armas, no pudo detener el avance de la flota coaligada y sus modernas armas. Mientras que nuestros cañones solamente hacían daño entre el enemigo cuando los tiros eran certeros, del otro lado tiraban con balas explosivas, cohetes Congreve (especie de cañita voladora de gran tamaño) que al caer sobre las baterías causaban estragos.
 Los ingleses contaban con la fragata a vapor ¨ Gorgon ¨ que poseía seis cañones de a 64 y cuatro de a 32, la fragata a vapor ¨ Firebrand ¨ poseía el mismo armamento que la anterior, la corveta a vela ¨Comus ¨ artillada con dieciséis cañones de a 32, el bergantín ¨Philomel ¨ cargaba diez cañones de a 32, el bergantín ¨ Dolphin ¨ se encontraba artillado con tres cañones de a 32 el bergantín Fanny tenía un cañón de a 24. Los franceses, en cambio tenían como buque insignia al bergantín ¨ San Martín ¨, robado a la confederación cuando estaba en Montevideo, y por eso, fue la que mayor daño recibió cuando fue avistada en Obligado. Ese barco que pertenecía a la escuadra que comandaba el almirante Guillermo Brown contaba con dieciséis ¨gonadas ¨ (cañones de corto alcance) de a 16 y dos cañones de a 24, el vapor Fulton con dos cañones de a 80, la corbeta ¨ Expeditive ¨ con 16 cañones de a 18 sistema ¨ Paihxans ¨, el bergantín ¨ Pandur ¨ con diez cañones de a 30 sistema ¨ Paihxans ¨ y el bergantín-goleta ¨ Procide ¨ con tres cañones de a 18. El convoy era acompañado por barcazas carboneras también artilladas.
 Los cañones con el sistema ¨ Paihxans ¨ eran de retrocarga con anima rayada y capaces de disparar balas cónicas explosivas, mientras que los cohetes Congreve con su recorrido errático provocaban el incendio de pastizales y espantaban a la caballada. Frente a ese armamento pusieron el pecho para decirle que el pasaje por el Paraná no le sería gratuito. El descalabro económico que sufrieron, les obligo mas tarde a reconocer los derechos de Argentina sobre ese río, por lo que ambos gobiernos ordenaron el retiro de sus escuadras en el Plata, desagraviando al pabellón argentino con 21 cañonazos.

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