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viernes, 2 de noviembre de 2012

La jirafa de Clemente Onelli por Alberto Mario Perrone


La jirafa de Clemente Onelli por Alberto Mario Perrone 
 Si no fuera por un lenguaje cálidamente coloquial, si no fuera por una atención dolorosa para buscar la extrema limpieza de la historia, si no fuera porque hay que evitar que lo sensual funcione cubriendo la ajenidad de la derrota, si no fuera por todo eso el libro de ALBERTO MARIO PERRONE, con su tapa de tanta ternura, una jirafa llevada por la brida desde el puerto a la casa del Zoológico de Palermo, obraría como un opositor a las suaves palabras hilvanadas para los amigos y para una historia reciente que tiende a desechar las líneas agudas del recuerdo y convertirnos en recipientes vacíos de la tensión cultural. 

 Es que se trata de contar la historia de CLEMENTE ONELLI, un italiano venido a Buenos Aires para integrar una reunión de “gente culta” que estaba por construir un país, MITRE, SARMIENTO y muchos otros desde OLIVERIO GIRONDO a JORGE LUIS BORGES lo secreto, lo fino, lo entrañable de una vida, ONELLI es de Buenos Aires donde muere de forma sorpresiva y abandonando los miles de proyectos realizados y que estaban realizando en la bella metrópolis, ingeniero de campo creador de la Facultad de Agronomía, catedrático de la UBA, investigador de la Patagonia Argentina y además un hombre de inconmensurable amor hacia los animales y a lo que es el triunfo de las Bellas Artes en el mundo, los elefantes pasean por su palacio, las águilas volando entre el mármol y la vegetación más exquisita, los chimpancés traídos del Africa en el riente espacio de juegos que fascinan a los niños que en números mayores pueblan las calles del zoo de Palermo. Eran tan audaces los proyectos de este hombre genial que intentaba movilizar el desierto patagónico con una visión absolutamente “futurista” de su destino. Fueron muchas las conferencias en Buenos Aires y en todo el país. El auditorio recibía con gestos tremebundos la dimensión del pensamiento de este hombre que no se detenía en una visión provinciana y cuidadosamente tradicional. Tenía amigos poderosos y sabios, presidentes, ministros, rectores de universidades, todos ellos escuchando a un hombre que los había fascinado y que ellos juzgaban desde la distancia “son cosas de ONELLI”. De tal manera recibe el sacudón político y cultural de los ochenta y demuestra el reinado de lo “posible”, un hombre rico no sólo de billetes y posesiones sino seguro de que la vida es una aventura colosal. Todo esto lo recoge el autor como quien contara un cuento de sencillos y luminosos límites. Pero vasta avanzar en el texto para tocar la hermosura de ese discurso amante, donde todo lo viviente grita a través de una entrañable nostalgia por tierra y cielos. Es arduo, es difícil suponer que esta escritura pueda naufragar en un “sencillísimo” sin remedio. Las criaturas complejas de Perrone siguen respirando al finalizar el libro que resulta así tan importante desde el punto de vista histórico como encomiable desde el literario.
 Una escritura largamente moldeada a través de años y años puede dar estos resultados, Libros de los que uno puede dar las gracias. Allí están los amigos que rigen los destinos de un país, que acechan su identidad, los héroes cotidianos de la cultura, los hacedores de recuerdos, los que eligen con la fuerza de una fotografía antigua, color sepia, que dice la verdad donde hay una jirafa desconcertada y tierna que sigue dócilmente el impulso de su dueño. Así con los múltiples elementos de la vida y la sabiduría no desdeñando los extraños oficios del protagonista, PERRONE escribe una novela ejemplar.
No es poca cosa en el lastimado panorama de nuestra cultura

Edna Pozzi