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miércoles, 23 de marzo de 2011

CARL LUTZ: EL INVENTOR DE LOS PASAPORTES A LA VIDA

Las gestas de los diplomáticos salvadores durante el Holocausto ofrecen una magnífica herramienta pedagógica. Su condición de “casos extremos” los hace una fuente singular de aprendizaje.
 
Centenares de hombres y mujeres del servicio exterior pusieron en juego sus carreras, la seguridad de sus familiares y hasta sus vidas por auxiliar a los perseguidos por el nazismo. La mayoría de las veces lo hicieron desobedeciendo las órdenes de sus superiores.

El 30 de marzo es el aniversario del nacimiento de Carl Lutz (1895-1975), miembro de una devota familia cristiana y el primer diplomático neutral en Budapest en rescatar a judíos condenados a muerte por el nazismo. Fue vicecónsul de la delegación diplomática suiza de 1942 a 1945 y el creador de la “Schutzbrief” -carta de protección- para los refugiados judíos. El mismo ardid sería utilizado por Raoul Wallenberg entre julio de 1944 y enero de 1945.

En duras negociaciones con los nazis Lutz consiguió el permiso para emitir cartas de protección a 8.000 judíos húngaros para emigrar a Palestina. Utilizando un engaño, él y su grupo de colaboradores emitieron miles de cartas de protección adicionales.

Ya en 1943, en colaboración con la Agencia Judía en Palestina, había ayudado a 10.000 niños y jóvenes judíos a emigrar a la tierra que en 1948 sería el Estado de Israel. Además, estableció en Budapest 76 casas de protección para judíos y continuó liberándolos de los centros de deportación y las marchas de la muerte.

Al finalizar la segunda guerra fue condenado al olvido por haber desobedecido instrucciones expresas de la Cancillería de no involucrarse en el “problema judío”. De hecho el gobierno suizo impidió que Lutz progresara en su carrera diplomática. De acuerdo a su hija, Agnes Hirschi, Lutz fue declarado persona no grata luego de la guerra.

“Más de veinte años después de su muerte el gobierno suizo reconoció las acciones de mi padre emitiendo una estampilla en su honor”, dice Hirschi, para quien el reconocimiento, además de ser pequeño, llegó demasiado tarde.
 
Baruj Tenembaum

Fundación Internacional Raoul Wallenberg