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lunes, 28 de septiembre de 2015

A VENTISEIS AÑOS DEL RETORNO DE LOS RESTOS DE ROZAS AL PAIS

A VENTISEIS AÑOS DEL RETORNO DE LOS RESTOS DE ROZAS AL PAIS 
 Hace ventiléis años se rompía el vaticinio del autor Amalia ¨ José Mármol que aseguraba que ¨ Ni el polvo de tus huesos America tendrá ¨ al llegar en 1989 a Buenos Aires los restos del brigadier Juan Manuel de Rozas. Tras ser derrocado el tres de febrero de 1852 Juan Manuel de Rozas se exilio en Inglaterra, país al que arribó en abril de ese mismo años y que a su pesar, vivió hasta su fallecimiento, ocurrido el 16 de marzo de 1877. En esa tierra extraña y acostumbrado a las tareas rurales desde pequeño, no abandonó su condición de gaucho, por lo que, en la pequeña chacra denominada Burgess-stect-farm ¨ alquilada a John Fleming continuaba realizando tareas rurales y allí se lo podía ver diariamente andando a caballo. Para el cuidado de ese espacio y sus cultivos, contrataba personal abonándoles un tercio más de los salarios corrientes por entonces en ese país europeo, siendo a su vez, muy exigente con el resultado de las tareas encomendadas. 

 Alejado de su tierra natal y sin posibilidades de regresar a la misma Rozas, cuando aún no contaba con 70 años redacta su testamento. Entre las primeras cláusulas de ese documento figura su deseo de ser sepultado en cementerio católico de Suthapton, ¨ en una sepultura moderada y sin lujos ¨, pidiendo además, que ¨ en ella se pondrán a la par de los míos los de mi compañera Encarnación, y los de mi padre y madre, si el gobierno de Buenos Aires lo permite, previa la correspondiente súplica ¨. Su pedido pudo cumplirse 112 años después que una enfermedad pulmonar terminara con su vida cuando tenía 82 años. Ese reencuentro con familiares mencionados, finalmente se concretó en Buenos Aires, gracias a la labor desarrollada por quienes formaron la comisión ¨ Pro –Repatriación d e los restos del brigadier Juan Manuel de Rozas, entre ellos el ex embajador doctor Manuel de Anchorena.
 Si bien el mencionado Anchorena es designado en 1973 como representante argentino frente a Gran Bretaña por el presidente Juan Domingo Perón cuando asume su tercera presidencia, su labor a favor de repatriar los restos de Rozas venia de tiempo atrás. En efecto, en una carta fechada el seis de enero de 1970 Perón desde su exilio en Madrid, le agradecía el envío de publicaciones sobre ¨ la campaña Pro-repatriación de los restos del Brigadier Don Juan Manuel de Rosas y para la solidificación de la bases de nuestra liberación nacional. ¨. En ese sentido y en otro párrafo de la referida carta desde su exilio Perón puntualizaba que ¨ Ambas cosas deben merecer la preocupación patriótica de los argentinos, porque asegurar el destino de la Patria es tan importante defender el futuro como hacer justicia a su pasado ¨ como ha sido, indudablemente, el retorno de los restos del Jefe de la Confederación a su tierra.
 La preparación para el retorno a la Argentina de los restos de Rozas comenzó, el 21 de septiembre con la remoción de su tumba en el cementerio británico. Allí, y perfectamente separados por tabique, estaban también los restos de su hija Manuelita y su esposo Máximo Terrero. Por encontrarse deteriorado el cajón de madera que contenía en su interior otro de plomo, se abandonó el primero colocándolo en uno nuevo y así trasladarlo al día siguiente al aeropuerto ingles, desde dende partiría para Francia iniciando su viaje de retorno. Al abrirse allí el antiguo cajón de plomo, -que luego se desecho junto- con los restos óseos se encontró colocado a sus pies, un plato de loza azul que había contenido agua bendita con la cual se santiguaron los asistentes al velatorio.
 Acondicionados convenientemente esos restos en un ataúd más liviano para futuros traslados a pulso, son subidos en un avión de la Fuerza Aérea Argentina que despega del aeropuerto de Orly el día 29 de septiembre, para arribar a Buenos Aires al día siguiente. Así nuevamente el brigadier Juan Manuel de Rozas volvía a su tierra natal, luego de 137 años de exilio, rompiendo la sentencia de Mármol, por lo que, desde entonces y como lo pedía, descansa definitivamente en cementerio de la Recoleta y la bóveda de la familia Ortiz de Rozas junto a su padres y su esposa Encarnación. 

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