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martes, 11 de agosto de 2009

BREVE TRATADO PARA ATACAR LA REALIDAD


Breve tratado para atacar la realidad
Por Santiago López Petit // 10 de agosto de 2009
La realidad. Nuestra realidad, esta realidad que coincide con el capitalismo. Decir realidad capitalista es por lo tanto redundante. Hoy la realidad se ha hecho capitalista y no deja nada afuera.

Consideramos esta realidad hecha absoluto, este autodespliegue de la realidad en su necesidad interna, mostrándola tal y como es, y también como funciona. Al desvelar esta verdad ganamos numerosos conceptos, especialmente el de movilización global, que sirve para describir la globalización neoliberal y que se pone como el verdadero fundamento de la realidad misma. Asimismo se avanzan definiciones nuevas, como la democracia en tanto que articulación del Estado-guerra y del fascismo postmoderno, o la del poder como poder terapeútico. La realidad, no obstante, al separarse de sí en su despliegue, al salir de la tautología, nos muestra también sus puntos débiles. En particular, pone ante nuestros ojos la nueva cuestión social: el malestar.
Porque la realidad tritura nuestras vidas existe un profundo malestar. Un malestar que no siempre puede ser encauzado, un malestar que se hace presente bajo la forma de fuerza del anonimato. Creemos que la fuerza del anonimato abre la posibilidad de una nueva política, una política nocturna. Política nocturna es aquella que busca por todos los medios agujerear la realidad. Agujerear la realidad para poder respirar.
Este libro no tiene prólogo. Ante la insistencia de los amigos del Colectivo Situaciones, intento situar brevemente la reflexión que aquí se propone. Durante las recientes protestas contra la mercantilización de la universidad, un grupo de estudiantes ocupó la sede central del banco de Santander. En el hall del banco yo como profesor improvisé una clase sobre la precariedad, el funcionamiento del dinero como código que organiza nuestras vidas, etc. La ocupación interrumpió la normalidad del banco que decidió cerrar durante todo el día. Mientras desarrollábamos esta acción sentía una profunda impotencia. De hecho estábamos haciendo lo que se nos permitía ni más ni menos. El límite que la acción tenía parecía inherente a la propia acción. En verdad, el límite nos lo poníamos nosotros mismos. Al lado nuestro, estaba un coche expuesto que, supongo, se sorteaba entre los clientes. Si hubiéramos roto los cristales del coche, si lo hubiésemos destruido… la policía habría entrado en vez de quedarse fuera. Seguramente nos hubiese detenido. Con ello, ¿habríamos conseguido ir más allá de esta sensación de impotencia? No lo creo. Porque en el fondo sabemos que destruir el coche allí expuesto tampoco sirve de mucho. Pero entonces…
En este punto se nos acumulan las preguntas y se nos hace un nudo en el estómago. En este punto sentimos que estamos frente a la realidad, que estamos intentando atacar la realidad. Sí , la impotencia se puede atravesar. Desarmarla requiere que nos olvidemos de los discursos emancipatorios tradicionales con sus horizontes y sus sujetos históricos. Porque esta realidad plenamente capitalista está siendo atacada por doquier. Bloqueos de las cumbres gubernamentales internacionales (1999-2009), manifestaciones masivas contra la guerra (2004), barrios y coches en llamas en París (2005) y en Grecia (2008) sin contar, evidentemente, las formas de resistencia que se dan especialmente en América Latina. No existe ciertamente un discurso común ni un lugar de llegada. Sólo la rabia, ese gran rechazo que mueve a la gente, ese No generalizado que vacía instituciones.
Chocar con la realidad señala el momento en el que la crisis de las categorías de la política moderna aparece en su máxima expresión. Por eso necesitamos otras categorías políticas. En este libro se adelantan algunas: movilización global, Estado-guerra, fascismo postmoderno, fuerza del anonimato, espacios del anonimato… Esas categorías que aquí se ensayan surgen ligadas a experiencias concretas. Un pensamiento que se quiere a la altura de su tiempo debe ser necesariamente un pensamiento situado. Eso lo saben bien los compañeros del colectivo Situaciones. En nuestro caso podemos dar algunas referencias concretas. El concepto de Estado-guerra surge después del 11-S del 2001 y estrechamente ligado a los movimientos contra la guerra; el concepto de fascismo postmoderno es la respuesta política a una forma de control cuyo laboratorio más acabado ha sido la ciudad de Barcelona y que ha sido exportado con éxito; y, finalmente, el poder terapéutico surge a partir de la generalización de un nuevo modelo de cárcel basado en la cogestión y que sustituye la dualidad vigilar/castigar por la de curar/reinsertar. Esas son algunas claves internas que por su cercanía deseamos destacar. Seguramente hay muchas otras. Queremos finalmente decir que la reflexión sobre la fuerza del anonimato ha tenido muy en cuenta la innovación que supuso el movimiento argentino organizado en torno al “Que se vayan todos”.


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