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viernes, 31 de agosto de 2018

UN TEATRO SIN FANTAMAS NO ES UN TEATRO


UN TEATRO SIN FANTAMAS NO ES UN TEATRO 
¨Los fantasmas no existen, pero que ¨los hay. Los hay¨ asegura un dicho popular. Uno de los lugares donde al parecer abundan, es en los teatros, según se comenta. Si, en ese lugar que noche a noche mueren y revive el actor en cada función. Uno de los más conocidos es, sin dudas el de la Opera de Paris, aunque haya sido creación del escritor francés Gastón Leroux. Esa historia comienza cuando una joven muchacha corista llamada Christine Daeé se une al coro de la Opera y Erik, el fantasma que tenía al mal traer a todos los empleados, provocando distintos accidentes y molestado hasta, incluso, al mismo gerente. Eso se desarrolla en un teatro francés, pero aquí también tenemos nuestros propios fantasmas porque un teatro sin fantasmas es un teatro sin historia. 

En un artículo aparecidos en Diario Popular del 29 de julio de 2012 se cuenta al respecto que ¨El Maipo, el Nacional, el Broadway y el Multiteatro (antes Blanca Podestá) por ejemplo, son escenario de variadas anomalías que a criterio de los investigadores en este tipo de fenómenos encuadra en una situación lógica a partir de la capacidad que tiene los teatros en general de convertirse en depósitos de energías y emociones liberadas por tantos actores ¨. Según el autor de la nota, las anomalías son atribuidas al alma en pena de un operario o trabajadores de la empresa teatral muertos en el lugar, pero de ninguna manera esas apariciones son hostiles ni amenazantes. Si bien, por lo general los fantasmas son de actores, también los hay de actrices ya se menciona a situaciones generadas por las actrices María Guerrero y Lola Menbrives fallecidas en 1928 y 1969 respectivamente. Se habla de su presencia en los pasadizos oscuros y en salas silenciosas, mientras se espera el comienzo de alguna función.
TRAVESURAS
Empleados del teatro Broadway dijeron oportunamente que ¨Hay sombras y ruidos que no tienen justificación y que en más de una oportunidad cortaron la respiración de algún desprevenido operario ¨. En cambio, en el Cervantes, se escuchan voces que por más que se busque sus emisores, nunca se encuentran. De todos modos hay otros que las sienten, pero se niegan a dar testimonios de esos hechos por razones obvias, entonces callan frente estas circunstancias paranormales. Pero sombras de dos trabajadores del teatro Maipo desaparecidos trágicamente aun merodean el lugar. Uno de ellos llamado Ambrosio Radrizzani murió quemado en su camarín y el otro de un chileno de nombre Luis Efraín Cáceres que se ahorco. La zona Sur también tiene su fantasma y lo llaman ´Charly y al parecer, es bastante traviesa. Cuentan que se ubica en la sala de teatro Maipú de Banfield y se relacionaría con el actor Carlos Carella -muerto de una enfermedad terminal en mayo de 1997- que alguna vez pasó por allí. Quienes sintieron su presencia dicen que se manifiesta moviendo las butacas, llamando a alguien por su nombre o haciendo desaparecer cosas., nadie le teme y cuando esas cosas pasan tranquilamente dicen ¨fue Charly¨. En una oportunidad, uno de los actores fue frecuenta la sala, buscaba una tijera ubicad siempre en el mismo lugar, pero tiempo después inexplicablemente apareció esta apareció clavada en ¨ en un sector del puente ¨ y de ese episodio culparon, por supuesto a Charly.
UN INCENDIO, TRES MUERTOS Y UN AHORCADO 
Sobre los escenarios, el material que se encuentra por lo general es inflamable como el caso de los cortinados y los decorados. Esa fue la razón porque en el mencionado teatro Maipo, una chispa producida por un ¨ tacho ¨de iluminación que cayó, inicio un fuego en el decorado y pronto se hizo incontrolable. El dramático episodio ocurrió el seis de septiembre de 1943, mientras en esa sala se representaba la revista ¨Apaga luz, Mariposa, apaga luz¨, encabezada por Alberto Anchart y la chilena Elsa Campillo . Del elenco formaban parte también Dringue Farías, Pablo Pablito, Olinda Bazán y la cantante cubana Rita Montaner. Minutos antes que finalizara la función, se desprendió el mencionado foco y al estallar inició el incendio. Si bien el elenco busco refugio, no corrieron la misma suerte los maquinistas de parrilla Graciano Verger y Pedro Ariente. También fue alcanzado Radrizzani que es encontraba en un camarín cercano a donde se inició el fuego y desde entonces merodea el teatro.
 Reabierta la sala en octubre se ese mismo año, el día cuatro de mayo de 1985 otro suceso enluto a ese mismo teatro; el suicidio del encargado de la Sala de Máquinas, el chileno Cáceres. A ese empleado días antes le habían diagnosticado una enfermedad terminal y desde entonces, había cambiado su rutina, aunque nadie había notado el esa situación. El día del trágico desenlace había agregado una corbata a su vestimenta habitual, llegó saludo a todos, y luego dejo a punto todo lo relacionado con una nueva función de ¨La Mujer del Año ¨que protagonizaba Susana Giménez. Como lo hacía siempre subió a su puesto de trabajo, tomo una soga y ató uno de los el extremo a una viga y el otro formando un anillo, a su cuello y a las seis de la tarde se colgó de ella poniendo fin a su vida. Desde entonces Cáceres, al igual que el resto continúa habitando en los rincones de los teatros y, aunque no se los ve, se los escucha caminar por los pasillos o mover butacas y eso se debe que los actores no mueren, solo se van de gira, según se sostiene en el ambiente.

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