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viernes, 24 de agosto de 2018

CUANDO LA CALLE ERA NUESTRA


CUANDO LA CALLE ERA NUESTRA 
Y eran otros tiempos. Tiempos donde se dormía con puertas abiertas y en la misma casa vivían tres generaciones. No sé si fueron tiempos mejores, pero sí que éramos felices con muy poco. Los niños correteábamos por las calles de tierras y con la inocencia de esa edad, solamente nos asustábamos de algún sombra desconocida, porque en nuestros oídos resonaban las palabras de los mayores ¨si te portas mal, viene el cuco ¨ y esa sombra, que no era más que eso, para nosotros podía ser el temido cuco. Es eso solo lo que por entonces nos asustaba. 

La vereda entonces era nuestra. Allí se jugaba a la bolita, al hoyo pelota, armábamos carreras con los pequeños autos rellenados con plastilina o corriendo con aros empujados por un alambre curvado convenientemente, mientras las niñas lo hacían saltando ¨el elástico¨ o divirtiéndose en la rayuela. La vereda era nuestra y allí pasábamos horas de juego sin temores, aunque siempre lo del ¨cuco ¨estaba presente. Los domingos, de la mayoría de las casas emanaba el perfume de la salsa y los tallarines amasados por la dueña de casa. El vino, ese vino que se ponía en la mesa, previamente se había comprado en la vinería de la vuelta de casa, donde se llevaba una botella vacía y regresaba llena de ese elixir.
Tiempo de casas bajas, gente sencilla, pero dispuesta a dar una mano a su vecino. Todo eso lo borro ¨el progreso¨. De la calle hoy son dueños los cacos, las familias se han dividido y los juegos se hacen frente una pantalla de la compú. Por otra parte las manos solidarias también parece fueron amputadas por ¨el progreso¨ ya que ganó en individualismo. No sé si en ese tiempo se ha sido feliz, pero sí que añoro el ver niños jugando en la calle, y el agradable perfume a salsa que inundaba la barriada domingo tras domingo.

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